Bolivia reduce su riesgo país en 900 puntos: recuperación macroeconómica, estabilidad política y confianza internacional

Bolivia reduce su riesgo país en 900 puntos: recuperación macroeconómica, estabilidad política y confianza internacional

Por: Martin Moreira Forma parte de la red de Economía Política Boliviana El riesgo país de Bolivia registró una fuerte caída en 2025, al descender

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Por: Martin Moreira

Forma parte de la red de Economía Política Boliviana

El riesgo país de Bolivia registró una fuerte caída en 2025, al descender de 2.240 puntos en abril a 1.336 en septiembre, lo que representa una reducción cercana a los 900 puntos básicos en apenas cinco meses. Este retroceso no solo obedece a factores políticos —donde la tensión y la polarización se redujeron en la medida en que los sectores que antes cuestionaban la gestión económica hoy centran sus disputas en la segunda vuelta electoral—, sino también a la mejora de indicadores macroeconómicos concretos que devuelven confianza a los mercados internacionales. Por tercer mes consecutivo, la balanza comercial cerró con un saldo positivo —acumulando hasta julio de 2025 un superávit de 28 millones de dólares— impulsado por el repunte de las exportaciones mineras y manufactureras; la inflación se redujo drásticamente de 5,23% en junio a 1,01% en agosto, mostrando estabilidad de precios; las Reservas Internacionales Netas crecieron hasta los 2.884 millones de dólares, reforzando la capacidad de pago externo; el servicio de la deuda alcanzó un cumplimiento del 80%, disipando temores de incumplimiento; y la mayor disponibilidad de divisas en el mercado interno alivió las tensiones cambiarias. En conjunto, estos elementos han impulsado la mejora en el rendimiento de los bonos soberanos y han devuelto atractivo a Bolivia en los mercados financieros internacionales.

En los mercados internacionales, las percepciones suelen moverse al ritmo de la política. Sin embargo, en el caso boliviano, la reciente reducción del riesgo país no puede entenderse únicamente desde esa óptica. Si bien los analistas internacionales han subrayado el impacto de un nuevo contexto político, lo cierto es que la economía nacional está mostrando señales concretas de recuperación que ayudan a explicar por qué los bonos soberanos bolivianos vuelven a generar confianza.

Balanza comercial en positivo: tres meses de alivio

El dato más inmediato es el superávit comercial. Según el Instituto Nacional de Estadística, por tercer mes consecutivo Bolivia cerró julio con una balanza positiva, alcanzando 28 millones de dólares. Este resultado no es anecdótico: responde al incremento sostenido de las exportaciones tanto en el sector extractivo —principalmente minerales— como en la industria manufacturera, que empieza a consolidar mercados externos.

El saldo positivo contribuye directamente al ingreso de divisas, lo que atenúa la presión sobre el tipo de cambio y permite al Banco Central contar con mayores recursos para respaldar sus operaciones.

Inflación en descenso: un respiro para los hogares

Otro elemento que ha contribuido a mejorar la percepción de riesgo es la reducción de la inflación. Tras meses de tensiones por el encarecimiento de alimentos y combustibles, el índice de precios ha mostrado una tendencia a la baja. Esta moderación no solo mejora la capacidad de compra de la población, sino que también envía al mercado internacional una señal de disciplina macroeconómica.

Un país que logra controlar la inflación es percibido como más estable y, por lo tanto, más confiable en el cumplimiento de sus obligaciones financieras.

Reservas internacionales: señales de recuperación

En paralelo, las Reservas Internacionales Netas (RIN) comenzaron a registrar un leve pero sostenido crecimiento. Este factor es decisivo: las reservas son el principal respaldo de la política cambiaria y un indicador clave para la capacidad de pago soberano. Su fortalecimiento, aunque todavía incipiente, ha sido leído por los inversores como una señal de que Bolivia recupera margen de maniobra frente a sus compromisos externos.

Cumplimiento en el servicio de la deuda

No menos relevante ha sido el pago oportuno de la deuda externa. En un escenario donde varios países de la región enfrentan dificultades para honrar sus obligaciones, Bolivia ha mostrado disciplina en el cumplimiento de sus cronogramas. Cada desembolso a tiempo constituye un mensaje de confianza para los acreedores, reduciendo la percepción de riesgo de impago.

Mayor circulante de divisas: un mercado más líquido

Finalmente, el aumento del circulante de divisas en el mercado interno ha reducido la incertidumbre que a principios de año marcaba el pulso de la economía. La escasez de dólares en el sistema financiero había tensionado a empresas y familias; hoy, con una oferta más fluida, se recupera la normalidad de las transacciones y se disminuye el temor a un desajuste cambiario abrupto.

Una combinación de factores

La conjunción de estos elementos —superávit comercial, reducción de la inflación, fortalecimiento de las reservas, disciplina en el pago de la deuda y mayor disponibilidad de dólares— explica en buena medida por qué el Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI) de Bolivia descendió de los 2.240 puntos en abril a 1.336 puntos en septiembre.

Si bien las expectativas políticas actúan como catalizador, los fundamentos macroeconómicos dan solidez a la narrativa de recuperación. Los mercados, al fin y al cabo, se mueven tanto por percepciones como por datos duros, y en este caso las cifras comienzan a jugar a favor de Bolivia.

Conclusión: oportunidad para consolidar la tendencia

La caída del riesgo país no debe interpretarse como un punto de llegada, sino como un punto de partida. Bolivia tiene hoy una ventana de oportunidad para transformar la confianza coyuntural en confianza estructural. Para lograrlo, será indispensable mantener la disciplina en el manejo de las cuentas externas, consolidar el crecimiento de las exportaciones y avanzar en políticas que diversifiquen la matriz productiva.

En otras palabras, los mercados ya dieron la primera señal de confianza. Ahora le corresponde a la política económica traducir esa confianza en estabilidad sostenible y desarrollo para la población.

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