Por Martin Moreira Forma parte de la Red de Economía Política Boliviana En Buenos Aires, la provincia que Milei soñaba con liberar de la “casta”, e
Por Martin Moreira
Forma parte de la Red de Economía Política Boliviana
En Buenos Aires, la provincia que Milei soñaba con liberar de la “casta”, el electorado decidió recordarle que, en política argentina, los experimentos duran lo que tarda el peronismo en organizar un acto con choripán y bombos. La derrota del presidente no solo revela los límites de su “revolución libertaria”, sino también la inquebrantable capacidad del peronismo para reinventarse, resucitar y, de paso, volver a ponerle un techo al hombre que prometía demolerlos todos con su motosierra.
Al final, el león rugió… pero en jaula. Javier Milei, que alguna vez se presentó como el “terminator de la casta”, terminó siendo domesticado por la maquinaria electoral del peronismo, esa fuerza que en Buenos Aires parece más eterna que el obelisco. Este domingo 7 de septiembre, el presidente debió tragarse un baldazo de votos ajenos y reconocer que La Libertad Avanza no avanzó demasiado en la provincia más grande del país.
Con el 85% de las mesas escrutadas, el peronismo bajo el sello Fuerza Patria logró un aplastante 46,98% de los votos, mientras que Milei y compañía quedaron relegados con un 33,85%. Una diferencia que, aunque Milei intentó disfrazar de “matemática creativa”, terminó mostrándose como lo que es: un golpe seco al mentón libertario.
La aritmética del consuelo
En un discurso que sonó más a clase de autoayuda que a victoria moral, Milei dijo que lo suyo es un “piso” y lo del peronismo un “techo”. Lo curioso es que, en cualquier edificio electoral, quien vive en el piso está obligado a mirar hacia arriba. Y en este caso, el techo del peronismo parece construido con hormigón armado: seis de las ocho secciones bonaerenses quedaron pintadas de azul, incluyendo las más pobladas, donde los libertarios ni con drones lograron acercarse.
Cristina, desde su living, volvió a escena
Para agregarle pimienta a la derrota, Cristina Fernández apareció celebrando desde su prisión domiciliaria. Rodeada de simpatizantes que parecían más felices que en una final del Mundial, escribió en X un mensaje que le recordó a Milei que la política argentina no se maneja con gritos en cadena nacional ni con insultos en prime time, sino con votos bien contados. “Salí de la burbuja, hermano… se está poniendo heavy”, disparó la exmandataria, dejando en claro que incluso con tobillera electrónica todavía sabe cómo incomodar al poder de turno.
La provincia, ese muro peronista
Buenos Aires, que concentra casi el 40% del padrón, se volvió a comportar como lo que es: un muro infranqueable para cualquier proyecto político que no huela a peronismo. El reparto de bancas lo dejó aún más claro: 13 de 23 en el Senado provincial y 21 de 46 en Diputados para Fuerza Patria, asegurando que la oposición siga viendo el tablero desde la tribuna.
Milei promete seguir igual
Fiel a su estilo, el presidente no prometió correcciones ni giros estratégicos. Al contrario, ratificó que su receta seguirá basada en ajuste, motosierra y el mantra de que la realidad se dobla con voluntad. La autocrítica, según dijo, quedará en la interna de su partido, aunque la pregunta es quién se animará a hablar más fuerte que el jefe en un espacio donde hasta los aplausos parecen estar dolarizados.
Octubre se viene con final de temporada
La derrota en Buenos Aires no solo le sacude el ego presidencial, sino que también recalienta el escenario para las elecciones nacionales del 26 de octubre. Mientras Milei busca consuelo en la semántica de “pisos” y “techos”, el peronismo se prepara para volver a levantar bandera, demostrando que, en Argentina, la casta nunca muere: simplemente cambia de sigla y sigue ganando elecciones.
En resumen: Milei, el libertario que prometió pulverizar al peronismo, terminó tropezando con la misma piedra de siempre. Y en Buenos Aires, esa piedra parece tallada en mármol peronista.


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