La carne se encarece en Bolivia: entre la presión interna, las exportaciones y un mercado en tensión

La carne se encarece en Bolivia: entre la presión interna, las exportaciones y un mercado en tensión

Por: Martin Moreira Forma Parte de la Red de Economía Política Boliviana La escalada en el precio de la carne se ha convertido en uno de los síntoma

La Feria Internacional del Libro confirmó su fuerza cultural y convocó a más de 125 mil visitantes
La paradoja fiscal del Gobierno: se eliminan impuestos a grandes fortunas mientras se castiga al pueblo con el alza del pan
Huawei revoluciona el mercado de distribución en Bolivia con su portafolio eKIT: soluciones digitales para millones de PyMEs
Compartir

Por: Martin Moreira

Forma Parte de la Red de Economía Política Boliviana

La escalada en el precio de la carne se ha convertido en uno de los síntomas más claros de la fragilidad del mercado alimentario boliviano. Pese a que existían cupos de exportación para asegurar el abastecimiento interno, los precios comenzaron a subir de forma sostenida, impulsados por el agio, la especulación y también por tensiones políticas, en un contexto donde varios productores se sumaron a un boicot de incremento de precios que terminó golpeando la canasta familiar y utilizando el hambre y el bolsillo del pueblo como herramientas de presión. De manera paulatina, estos actores elevaron el precio gancho o desviaron parte de la oferta hacia circuitos de contrabando para sacar el producto del país, profundizando las distorsiones del mercado. Entre agosto de 2024 y marzo de 2025, un sondeo de la Defensoría del Pueblo reveló incrementos superiores al 50 % en el kilo de carne de res en siete departamentos, evidenciando tensiones estructurales acumuladas por años. En mercados como Trinidad, la pulpa especial subió alrededor del 53 %, mientras que en Oruro alcanzó el 50 %. La carne molida corriente registró incrementos aún más pronunciados: 66 % en Trinidad, 56 % en La Paz y 53 % en Cochabamba. La tendencia también alcanzó a la carne de pollo, que mostró un alza sostenida durante el mismo periodo, evidenciando que la presión inflacionaria atraviesa todo el sector cárnico.

El comportamiento de los precios durante 2025 confirmó la tendencia. En enero, el Instituto Nacional de Estadística (INE) reportó una inflación mensual del 1,95 %, advirtiendo que alrededor de la mitad de esta variación respondía al aumento de la carne de res sin hueso. Solo ese mes, la carne de res se encareció alrededor de 4,2 %, mientras que la carne de pollo subió 4,86 % a escala nacional. Y lejos de estabilizarse, el mercado siguió tensionado: un reporte del segundo semestre de 2025 mostró que, entre agosto de 2024 y septiembre de 2025, algunas ciudades acumulaban incrementos de más del 70 % en diferentes cortes de res.

Detrás de esta escalada se encuentra un conjunto de factores que se retroalimentan. Uno de los motores del aumento fue el incremento del precio del “kilo vivo”, es decir, el valor del ganado en pie, que impacta directamente en el precio del producto final en carnicerías y mercados. A esto se suman problemas estructurales: mayores costos de producción, transporte y distribución, además de episodios de especulación y desajustes entre oferta y demanda. Como reflejan reportes oficiales, el mercado cárnico enfrenta presiones que van más allá de un simple ajuste coyuntural.

En medio de este escenario, un nuevo elemento encendió las alarmas del sector: la noticia de la consolidación del mercado egipcio para la exportación de carne boliviana. Aunque el Gobierno celebró el acuerdo como una oportunidad de expansión comercial, la Confederación Nacional de Trabajadores en Carne de Bolivia (Contracabol) advirtió que esta medida podría profundizar el desabastecimiento interno y seguir empujando los precios al alza. “Se estaría dejando un desabastecimiento si eso se concreta”, alertó Isodoro Rocabado, secretario ejecutivo de la federación, quien además denunció que los beneficios comerciales recaen principalmente en el sector empresarial, mientras las familias bolivianas enfrentan precios inaccesibles.

El dato que más preocupa al sector es el comportamiento del kilo gancho, el precio mayorista de la res faenada. Según Contracabol, este alcanzó un promedio de Bs 50, el doble de lo que costaba en gestiones pasadas, cuando el rango oscilaba entre Bs 22,5 y Bs 25. Ese salto es la razón por la cual el producto llega mucho más caro al consumidor final. Rocabado cuestionó además las declaraciones del presidente Rodrigo Paz Pereira, quien negó públicamente el incremento de precios. “Hace tres meses estaba entre 51 y 52 bolivianos; poco o nada ha bajado”, afirmó, señalando que el malestar social crece ante un panorama de ingresos estancados y alimentos cada vez más caros.

La tensión podría escalar. Contracabol anunció que analiza medidas de presión a nivel nacional para exigir que el Gobierno adopte acciones concretas que reduzcan el costo de la carne. El plan incluye coordinación con OTB, sectores gremiales y transporte, buscando una movilización conjunta. Aunque el sector aclara que no se opone a las exportaciones, cuestiona que el Estado no haya diversificado suficientemente las fuentes de divisas, obligando a depender del sector cárnico en un momento en que el mercado interno ya está debilitado.

Por su parte, los productores insisten en que el abastecimiento interno está garantizado y que solo se exportarán los cupos excedentes. Sin embargo, el desfasaje entre discurso y realidad en los mercados del país sugiere que la tensión entre oferta doméstica y demanda externa seguirá presente en 2025. La carne, alimento esencial en la dieta boliviana, se ha convertido en un indicador sensible de la estabilidad económica y del impacto que tienen las decisiones productivas y comerciales en la vida cotidiana. Lo cierto, por ahora, es que la carne nunca estuvo tan cara, y los próximos meses mostrarán si las medidas estatales son capaces de frenar una escalada que amenaza con convertirse en un problema estructural.

COMMENTS

WORDPRESS: 0
DISQUS: 0