Genocidio en Gaza: Israel profundiza la destrucción bajo el pretexto de seguridad

Genocidio en Gaza: Israel profundiza la destrucción bajo el pretexto de seguridad

Mientras Israel anuncia sin pudor que “Gaza será destruida” y las cifras de muertos palestinos se cuentan por decenas de miles, en Washington y en Bru

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Mientras Israel anuncia sin pudor que “Gaza será destruida” y las cifras de muertos palestinos se cuentan por decenas de miles, en Washington y en Bruselas abundan los discursos solemnes sobre “defensa de los valores democráticos” y “derechos humanos universales”. La ironía es grotesca: quienes se autoproclaman guardianes del orden internacional parecen súbitamente miopes, incapaces de reconocer como genocidio lo que se desarrolla en vivo y en directo. Con una mezcla de silencio cómplice y condenas tibias, Estados Unidos y Europa confirman que, para ellos, los principios de humanidad son selectivos y dependen siempre de quién aprieta el gatillo.

La nueva ofensiva militar lanzada por Israel contra la Franja de Gaza ha vuelto a exponer la crudeza de un conflicto donde las justificaciones políticas se estrellan contra la realidad de los números: decenas de miles de palestinos muertos, una infraestructura civil devastada y una población que resiste a la aniquilación. La declaración del ministro de Defensa, Israel Katz —«Gaza será destruida»—, sintetiza con brutal franqueza la naturaleza de una operación que, más que un acto de defensa, exhibe los rasgos de un genocidio.

El lenguaje del exterminio

Cuando un Estado anuncia abiertamente su intención de “destruir” una ciudad entera y sus habitantes, no se trata de una estrategia militar aislada sino de un mensaje que encierra la lógica del exterminio. Katz no habla de derrotar a Hamás únicamente, sino de borrar del mapa el principal enclave urbano de Palestina. El Ejército israelí lo respalda con una ofensiva bautizada como “Carros de Gedeón”, cuyo simbolismo bíblico apela a la aniquilación del enemigo.

Este lenguaje no es casual. Desde hace meses, distintos altos mandos políticos y militares israelíes han utilizado términos que legitiman la idea de que la vida palestina es prescindible. Tal discurso normaliza el uso desproporcionado de la fuerza, justifica la demolición sistemática de infraestructura civil y refuerza la idea de que la “seguridad” solo se alcanza mediante la destrucción del otro.

La justificación de la fuerza y la falacia de los rehenes

Israel insiste en que la negativa de Hamás a entregar armas y liberar rehenes justifica la operación. Sin embargo, el costo humano de esta estrategia revela una lógica que sobrepasa cualquier criterio de proporcionalidad. Bombardear hospitales, escuelas, refugios de la ONU y viviendas familiares no libera rehenes; por el contrario, convierte a la población civil en rehén de una guerra que no eligió.

El derecho internacional humanitario establece límites claros: la protección de civiles es innegociable. La retórica israelí, sin embargo, pretende desdibujar esta frontera, transformando a la totalidad de la sociedad palestina en blanco legítimo. Se construye así una narrativa en la que los rehenes israelíes valen más que la vida de miles de palestinos, lo que constituye una jerarquización perversa de las vidas humanas.

El costo humano: cifras que hablan de genocidio

Las cifras son estremecedoras: cerca de 65.000 palestinos muertos y más de 165.000 heridos en menos de un año de ofensiva. Son números que superan la categoría de “daños colaterales” y que, de acuerdo con múltiples expertos en derecho internacional, configuran patrones de exterminio sistemático. Naciones Unidas y organizaciones de derechos humanos han advertido en repetidas ocasiones sobre el riesgo de genocidio, pero la comunidad internacional se muestra paralizada ante la magnitud de la catástrofe.

A diferencia de otros conflictos, en Gaza la desproporción es evidente. No se trata de dos fuerzas simétricas enfrentadas en condiciones similares, sino de un ejército de alta tecnología desplegado contra una población sitiada, empobrecida y privada de medios básicos de supervivencia.

Gaza como símbolo de resistencia

El propio ministro Katz reconoció que la batalla por la ciudad de Gaza es simbólica: si Gaza cae, caerá Hamás. Pero esa afirmación omite una verdad más profunda: Gaza se ha convertido en el símbolo de la resistencia palestina, no solo contra Hamás, sino contra décadas de ocupación, bloqueo y despojo territorial. La intención de destruir Gaza equivale, en consecuencia, a intentar borrar la identidad palestina misma.

El jefe del Ejército, Eyal Zamir, ha calificado la ofensiva como “decisiva”. Sin embargo, la historia demuestra que la violencia nunca ha erradicado la causa palestina. Por el contrario, cada ola de destrucción alimenta la memoria colectiva de un pueblo que, aún en las peores condiciones, ha sabido sostener su derecho a existir.

La responsabilidad internacional

El silencio o la tibieza de la comunidad internacional frente a este escenario coloca a muchos Estados en una posición de complicidad. La invocación abstracta del derecho a la defensa no puede convertirse en carta blanca para legitimar el exterminio de una población. Si la palabra “genocidio” tiene algún sentido en el derecho internacional, Gaza hoy representa su prueba más dolorosa.

Los gobiernos que continúan respaldando incondicionalmente a Israel se enfrentan al riesgo de quedar inscritos en la historia como cómplices de un crimen que el propio discurso oficial israelí anuncia sin tapujos: la destrucción de Gaza.

Reflexión final

El conflicto israelí-palestino no se resolverá con más sangre ni con la eliminación física del pueblo palestino. Israel puede destruir edificios, arrasar calles y desplazar millones de personas, pero no podrá aniquilar la identidad y la memoria de un pueblo que resiste. La ofensiva actual, presentada como una operación militar, es en realidad la continuidad de un proyecto de aniquilación que el mundo debe llamar por su nombre: genocidio.

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