Por Martin Moreira Miembro de la Red Boliviana de Economía Política Bolivia enfrenta una encrucijada cambiaria que expone las debilidades de una pol
Bolivia enfrenta una encrucijada cambiaria que expone las debilidades de una política económica aplicada bajo presión: mientras el Banco Central de Bolivia recurre a sus reservas de oro para conseguir dólares y contener la escalada del tipo de cambio, simultáneamente inmoviliza el 3% de determinados depósitos en bolivianos para retirar liquidez del sistema financiero. Ambas medidas buscan ganar tiempo frente a la crisis, pero ninguna resuelve el problema central: una economía que necesita cada vez más divisas y que no está generando ni logrando retener suficientes dólares para sostener sus importaciones, combustibles y actividad productiva. Entre vender activos acumulados durante años y restringir temporalmente la circulación de bolivianos, el país parece estar pagando el costo de una política cambiaria que comenzó a flexibilizarse sin contar con una estrategia integral para enfrentar sus efectos.
La decisión de utilizar parte de las reservas internacionales para contener la presión sobre el dólar puede ofrecer un alivio temporal, pero difícilmente resolverá el problema estructural de la economía boliviana: la falta de generación y retorno de divisas.
El Banco Central de Bolivia (BCB) ha comenzado a utilizar instrumentos monetarios para intentar contener la presión cambiaria y retirar parte de la liquidez existente en bolivianos. Entre las medidas adoptadas está la creación de una Reserva Monetaria Restringida, mediante la cual se inmoviliza temporalmente el 3% de determinados depósitos en moneda nacional durante 180 días.
El objetivo es absorber parte del exceso de liquidez del sistema financiero, reducir la cantidad de bolivianos disponibles y, con ello, moderar la demanda de dólares y las presiones inflacionarias.
Sin embargo, la pregunta de fondo es si estas medidas forman parte de una estrategia integral o si responden a una política cambiaria que comenzó a implementarse sin contar con todos los instrumentos necesarios para enfrentar sus consecuencias.
El problema se vuelve más evidente ante la decisión de recurrir nuevamente a las reservas internacionales.
El BCB pretende monetizar alrededor de 11 toneladas de oro, una operación que podría representar aproximadamente 2.000 millones de dólares. La cifra parece importante, pero la verdadera pregunta no es cuánto dinero puede obtenerse de esta operación, sino cuánto tiempo podrá sostenerse la intervención si el país continúa sin generar un flujo suficiente de nuevas divisas.
Si la presión cambiaria mantiene el ritmo actual, esos recursos podrían convertirse en un alivio de corto plazo, con una duración que podría ser de apenas semanas o uno o dos meses, dependiendo del comportamiento de la demanda de dólares, las importaciones y las expectativas del mercado.
El dólar vuelve a mostrar la fragilidad de la economía
La evolución de la cotización del dólar constituye una señal de alerta. Si el tipo de cambio pasa de alrededor de Bs 12,32 a Bs 12,60 en un corto periodo, el mercado está mostrando que la presión sobre la moneda nacional continúa.
Si esta tendencia se mantiene, el tipo de cambio podría aproximarse a Bs 13 hacia finales de mes e incluso superar ese nivel.
Pero el problema no termina en la cotización del dólar.
Una depreciación acelerada del boliviano genera efectos sobre prácticamente toda la economía: encarece las importaciones, eleva los costos de producción, presiona los precios, incrementa el costo de los combustibles y deteriora las expectativas de empresas y consumidores.
Por eso, una economía que enfrenta una escasez estructural de divisas difícilmente puede estabilizarse únicamente mediante la venta de reservas internacionales.
Una inyección de dólares no resuelve el problema estructural
Los aproximadamente 2.000 millones de dólares que podrían obtenerse mediante la monetización del oro pueden proporcionar oxígeno financiero y permitir al Gobierno atender algunas de las necesidades más urgentes de la economía.
Parte de esos recursos podría destinarse a estabilizar el mercado cambiario, facilitar importaciones esenciales y aliviar la presión sobre el abastecimiento de combustibles.
Pero existe una diferencia fundamental entre resolver una emergencia y resolver la causa de la emergencia.
Bolivia necesita generar un flujo permanente de dólares. Las reservas son un stock acumulado durante años; no constituyen una fuente infinita de financiamiento.
Mientras el país continúe utilizando sus activos internacionales para cubrir una insuficiencia recurrente de divisas, el problema simplemente se trasladará hacia adelante.
La situación de los combustibles demuestra esta vulnerabilidad. Las dificultades para garantizar la importación de diésel y gasolina no responden exclusivamente a problemas administrativos o logísticos. Detrás existe una restricción fundamental: la economía no dispone de suficientes dólares para financiar de manera sostenible sus importaciones.
Utilizar reservas puede permitir comprar combustible hoy. Pero si mañana no existen nuevas divisas, la misma dificultad volverá a presentarse.
Exportar no significa necesariamente que los dólares regresen
Uno de los mayores contrastes de la economía boliviana es que el país puede registrar ingresos importantes por exportaciones y, al mismo tiempo, enfrentar una severa escasez de divisas.
Las exportaciones superan los 6.000 millones de dólares, pero el problema está en determinar cuánto de ese dinero retorna efectivamente al sistema financiero nacional y permanece dentro de la economía.
Por eso, el debate cambiario no debería limitarse a cuánto exporta Bolivia.
La pregunta fundamental es: ¿cuántos dólares de esas exportaciones ingresan realmente al país y cuántos permanecen disponibles para financiar importaciones, inversión y actividad productiva?
Una política cambiaria seria debería incorporar mecanismos que incentiven el retorno de divisas, fortalezcan el sistema financiero y generen condiciones para que los dólares provenientes de las exportaciones circulen dentro de la economía nacional.
El dilema de utilizar el oro
La utilización de 11 toneladas de oro plantea, además, una contradicción estratégica.
Durante años se impulsó la acumulación de oro como mecanismo para fortalecer las reservas internacionales y diversificar los activos del país. Ahora, ante la presión cambiaria, el BCB se ve obligado a recurrir a parte de ese respaldo.
La pregunta inevitable es qué ocurrirá después.
Si el Banco Central deja de acumular oro y, simultáneamente, comienza a utilizar las reservas existentes para obtener liquidez, el país corre el riesgo de reducir uno de los pocos activos estratégicos que todavía le proporcionan respaldo internacional.
También debería abrirse un debate sobre las exportaciones de oro.
No basta con saber cuánto oro sale del país. Es necesario determinar cuánto valor generan esas operaciones, qué proporción de las divisas retorna a Bolivia y cuánto contribuye realmente ese sector al fortalecimiento de las reservas internacionales.
Si el país pierde el activo físico y, además, las divisas generadas no ingresan efectivamente al sistema financiero nacional, se produce una doble pérdida: sale el recurso y no se fortalece la disponibilidad de dólares.
El problema de fondo: una economía que no genera suficientes dólares
La crisis cambiaria revela un problema mucho más profundo que la cotización diaria del dólar.
Bolivia necesita recuperar un motor productivo capaz de generar divisas de manera sostenida.
Eso implica aumentar las exportaciones, atraer inversión, recuperar sectores productivos, generar empleo, ampliar la capacidad industrial y crear condiciones para que las empresas puedan competir en los mercados internacionales.
Los dólares que ingresen al país no deberían utilizarse únicamente para cubrir déficits inmediatos. Deben convertirse en inversión, producción y capacidad exportadora.
De lo contrario, se produce un círculo vicioso:
se necesitan dólares → se utilizan las reservas → se cubren las importaciones → disminuyen las reservas → vuelve la escasez de divisas → aumenta la presión sobre el dólar.
Ese mecanismo puede funcionar como una respuesta de emergencia, pero no constituye una política económica sostenible.
¿Una solución o simplemente ganar tiempo?
La monetización de 11 toneladas de oro puede ser una herramienta de emergencia. El problema aparece cuando una medida excepcional comienza a convertirse en la principal respuesta frente a una crisis estructural.
Utilizar reservas puede comprar tiempo.
Pero comprar tiempo no equivale a resolver el problema.
La flexibilización del tipo de cambio requería planificación previa, instrumentos de intervención, coordinación entre la política fiscal y monetaria, mecanismos para atraer y retener divisas y, sobre todo, una estrategia productiva capaz de generar nuevos ingresos externos.
La creación de mecanismos para absorber liquidez en bolivianos puede ayudar a reducir determinadas presiones monetarias. Sin embargo, retirar bolivianos de circulación no crea dólares. Del mismo modo, vender oro genera divisas una vez, pero no garantiza que existan nuevas divisas cuando esos recursos se hayan utilizado.
Ahí se encuentra la principal debilidad de la estrategia.
Bolivia está intentando resolver una escasez de flujo de dólares utilizando activos acumulados en el pasado.
Eso puede evitar una crisis inmediata, pero no garantiza estabilidad.
El verdadero desafío
El debate ya no debería centrarse exclusivamente en cuántas toneladas de oro puede vender el Banco Central ni en cuánto tiempo pueden sostenerse las reservas.
La verdadera discusión es cómo volver a generar dólares de manera permanente.
Bolivia necesita recuperar la confianza, aumentar la producción, impulsar las exportaciones, atraer inversión y garantizar que una mayor proporción de las divisas generadas por la economía permanezca dentro del país.
De lo contrario, el país quedará atrapado en una dinámica peligrosa: faltan dólares, se venden reservas para conseguirlos, se contiene temporalmente la presión cambiaria y, mientras tanto, no se resuelve la causa que originó la escasez.
La venta de reservas puede ser necesaria en una emergencia. Lo que no puede convertirse en política permanente es vivir de las reservas para financiar la falta de dólares.
El verdadero examen para la política económica no será cuánto oro logró monetizar el BCB, sino si el Gobierno consigue transformar ese tiempo comprado con reservas en una recuperación productiva capaz de generar las divisas que Bolivia necesita.
Porque cuando se termina el oro, la pregunta seguirá siendo la misma:
¿de dónde saldrán los dólares?


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