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Por: Martin Moreira
Forma Parte de la Red de Economía Política Boliviana
En Bolivia parece que la economía tiene un curioso sentido del humor: cuando los políticos deciden guardar silencio y dejar trabajar a las instituciones económicas, de repente las cifras empiezan a sonreír. No es casualidad que justo en un contexto sin boicot ni interferencias, las Reservas Internacionales Netas repunten, el dólar paralelo caiga hasta los 10,95 bolivianos, la balanza comercial encadene meses de superávit y la inflación se mantenga bajo control. Resulta casi irónico que la estabilidad llegue no por milagro, sino porque se aplica disciplina técnica en lugar de discursos encendidos; es como si los mercados entendieran mejor el lenguaje de los números que el de las consignas políticas. El mensaje es claro: cuando se evita politizar la economía, esta devuelve confianza, liquidez y crecimiento; cuando se la convierte en campo de batalla ideológica, los resultados son traducidos a un profundo malestar económico por que en Bolivia hicieron política con el bolsillo de los ciudadanas y ciudadanos. .
Los datos más recientes de la economía boliviana confirman una tendencia alentadora: cuando la política económica se aplica con disciplina, sin interferencias innecesarias de intereses políticos ni intentos de boicot, los resultados positivos se reflejan en distintos frentes. El fortalecimiento de las Reservas Internacionales Netas (RIN), la recuperación de divisas gracias a las exportaciones, el repunte de la balanza comercial, la consecuente disminución del precio del dólar en el mercado paralelo hasta los 10,95 bolivianos y la baja inflación registrada en los dos últimos meses constituyen señales claras de confianza y estabilidad.
A este escenario se suma un factor clave: la inflación, medida a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC), muestra un comportamiento bajo control, con un crecimiento moderado que refleja tanto la estacionalidad de ciertos productos como la reactivación del consumo interno. En conjunto, estos elementos trazan un panorama optimista para el país, demostrando que se cuenta con bases sólidas para afrontar los desafíos internacionales y consolidar un modelo económico propio.
Reservas en crecimiento: un blindaje para la economía
El Banco Central de Bolivia (BCB) informó que al cierre de agosto de 2025 las Reservas Internacionales Netas alcanzaron los 2.881 millones de dólares, un incremento de 905 millones de dólares respecto a inicios de año. Este repunte no es un hecho aislado, sino el resultado de un conjunto de factores:
- El repunte de las exportaciones de gas natural y minerales.
- La diversificación de la oferta exportable hacia productos no tradicionales como soya, quinua, carne y derivados agroindustriales.
- El récord histórico de remesas familiares recibidas en julio.
El propio BCB ha reiterado que las reservas cumplen un papel estratégico: respaldan la moneda nacional, sostienen el tipo de cambio y generan confianza en inversionistas y consumidores. Cuando las reservas crecen, se reduce la presión sobre el mercado cambiario, se estabiliza el dólar y se proyecta una imagen de fortaleza frente a shocks externos.
Balanza comercial en positivo: tres meses de superávit
La balanza comercial volvió a registrar cifras positivas por tercer mes consecutivo. En agosto se alcanzó un superávit de 28 millones de dólares, consolidando una tendencia que en julio ya había mostrado un saldo positivo de 75,4 millones y en mayo de 13 millones.
Las ventas externas totalizaron en julio 819,7 millones de dólares, un 3,4% más que en junio. Este desempeño estuvo impulsado principalmente por:
- Un aumento de 16,5% en la extracción de minerales, destacando la plata (+24,8%), plomo (+12,1%) y zinc (+4,6%).
- El crecimiento de la industria manufacturera, con fuerte desempeño de los derivados de soya (+27,7%), la carne bovina (+91,3%) y la urea (+80,6%), gracias a la demanda de mercados internacionales.
Si bien las importaciones también crecieron —792,2 millones de dólares en julio, un 7,7% más que el mes anterior—, el hecho de que las exportaciones superaran a las compras externas permite hablar de un equilibrio favorable. Este desempeño fue respaldado por el incremento de remesas, que entre enero y julio sumaron 757 millones de dólares, y por los desembolsos de créditos externos que inyectaron liquidez al sistema.
El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, destacó que esta dinámica ha permitido que el mercado cuente con una mayor oferta de dólares, generando confianza y propiciando la reducción en su cotización.
El precio del dólar baja y se estabiliza
El efecto más tangible de estas condiciones es la caída del dólar en el mercado paralelo. Luego de alcanzar en mayo niveles de hasta 20 bolivianos por dólar, el tipo de cambio paralelo descendió a 10,95 bolivianos, mostrando una tendencia a la baja que refuerza la credibilidad de la política cambiaria.
Se proyecta que, en caso de mantenerse el flujo positivo de divisas y concretarse créditos internacionales por 900 millones de dólares, el tipo de cambio podría ubicarse en un rango de 10 a 11 bolivianos, e incluso descender hasta 8,50 bolivianos.
Entre las causas identificadas para esta reducción destaca la venta de oro por parte del Banco Central, que inyectó liquidez al sistema financiero, sumada al ingreso sostenido de dólares comerciales producto de las exportaciones.
En este contexto económico se coincide en que la estabilidad cambiaria dependerá no solo del flujo de divisas, sino también de la capacidad de alcanzar acuerdos políticos que eviten escenarios de incertidumbre o especulación artificial.
Inflación bajo control: el termómetro de los precios
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de agosto registró una variación positiva de 1,01% respecto a julio, mientras que la inflación acumulada en lo que va del año alcanzó el 18,09%.
Los productos con mayor incidencia positiva fueron la carne de pollo, la carne de res sin hueso, artículos de papelería y material escolar, plátano y perfumes. Por el contrario, la cebolla, el transporte interdepartamental, televisores, arveja verde, celulares y pañales presentaron caídas en sus precios.
Este comportamiento responde a factores estacionales —como la demanda escolar de agosto— y a la recuperación del consumo en sectores como recreación, cultura y alimentos fuera del hogar.
Diferencias regionales
El análisis por regiones muestra incrementos diversos: Trinidad (2,02%), Oruro (1,52%), Sucre (1,32%), Potosí (1,29%), La Paz (1,10%), Santa Cruz (0,99%) y Cochabamba (0,76%). Estas variaciones reflejan diferencias locales en producción agrícola, costos de transporte y oferta alimentaria.
Lo más relevante es que el aumento de precios se distribuye de manera transversal, mostrando que la recuperación económica no está concentrada en un solo sector, sino en el conjunto del consumo interno.
Economía y política: la importancia de la separación
Más allá de las cifras, el análisis deja una lección clara: el Modelo Económico Social Comunitario Productivo funciona mejor cuando se lo deja operar sin distorsiones políticas.
En momentos de politización, rumores y boicot, la economía sufre: se disparan los precios, aumenta la incertidumbre y se frena la inversión. Sin embargo, cuando las instituciones económicas —Banco Central, Ministerio de Economía, empresas estratégicas— trabajan con estabilidad y planificación, los resultados son palpables:
- Reservas en ascenso.
- Estabilidad cambiaria.
- Inflación bajo control.
- Superávit en la balanza comercial.
El desafío inmediato es blindar la economía de la confrontación coyuntural, garantizando que las decisiones se basen en criterios técnicos y estratégicos, no en intereses partidarios.
Perspectivas hacia el Bicentenario
Bolivia ya encamina en el Bicentenario de 2025 con una economía que ha demostrado resiliencia ante crisis globales como la pandemia y la volatilidad de los precios internacionales.
La fortaleza de las reservas internacionales, la recuperación del tipo de cambio, la inflación controlada y la balanza comercial positiva constituyen una base sólida para los próximos años.
El reto será sostener esta estabilidad, diversificar aún más la matriz productiva e impulsar sectores de alto valor agregado, asegurando que los beneficios macroeconómicos lleguen al día a día de las familias bolivianas.
En definitiva, los datos recientes confirman que cuando la política económica se desarrolla con visión estratégica, alejándose de la politización y del ruido coyuntural, Bolivia no solo logra estabilizar sus indicadores, sino que también proyecta confianza y certidumbre hacia el futuro.


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