Carne de res: exportaciones récord, mesas vacías y un pueblo asfixiado

Carne de res: exportaciones récord, mesas vacías y un pueblo asfixiado

El precio de la carne de res en Bolivia se ha convertido en un nuevo símbolo de la desigualdad económica que golpea al país. En los mercados populares

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El precio de la carne de res en Bolivia se ha convertido en un nuevo símbolo de la desigualdad económica que golpea al país. En los mercados populares, el kilo de carne de primera ya alcanza entre 80 y 90 bolivianos, un valor impensable para miles de familias que ven cómo un alimento básico se transforma en un lujo.

Mientras el pueblo ajusta su consumo, el sector ganadero celebra. Hasta noviembre de 2025, las exportaciones de carne de res generaron $us 188,5 millones, superando ya el total de toda la gestión 2024, que cerró con $us 174,5 millones, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). A la espera de las cifras de diciembre, todo apunta a que los ingresos superarán los $us 200 millones, marcando un récord histórico para la industria cárnica nacional.

Exportar más, comer menos

Uno de los factores centrales detrás del alza de precios es el auge de las exportaciones. La apertura de nuevos mercados internacionales —como Egipto y China— ha provocado que gran parte de la carne de mayor calidad sea destinada al exterior, reduciendo la oferta de cortes de “primera” para el consumo interno. La lógica del mercado es clara: donde se paga en dólares, va la mejor producción.

El resultado es devastador para el mercado local: menos oferta, mayor precio y una presión directa sobre el bolsillo de la población.

El Decreto Supremo 5503: ¿libertad para exportar, castigo para el pueblo?

La situación se agravó con la promulgación del Decreto Supremo 5503, que eliminó el Certificado de Abastecimiento Interno y Precio Justo, un mecanismo que obligaba a garantizar primero el mercado nacional antes de exportar.

Si bien el Gobierno argumentó que la medida buscaba incentivar el ingreso de divisas, analistas económicos y sectores sociales coinciden en que el impacto fue inmediato y negativo para el consumidor boliviano. La liberalización total de exportaciones no vino acompañada de controles efectivos ni de políticas de protección al consumo interno.

La pregunta es inevitable:
¿Cambiará esta situación con el DS 5503 o se profundizará aún más, llegando incluso a duplicar el precio de la carne en Bolivia?

Especulación y contrabando a la inversa

A este escenario se suman prácticas denunciadas por el propio Gobierno: agio, especulación y “contrabando a la inversa”. La carne boliviana estaría saliendo ilegalmente hacia países vecinos, donde se vende a precios más altos debido a la diferencia cambiaria, reduciendo aún más la oferta interna.

Sin embargo, las denuncias no han sido acompañadas de sanciones ejemplares ni de controles sostenidos. El mensaje implícito es peligroso: exportar y especular resulta más rentable que abastecer al pueblo.

Productores celebran, el pueblo sufre

Mientras los productores festejan cifras récord y el Gobierno presume el ingreso de divisas, la mesa del boliviano se encoge. La carne, históricamente parte esencial de la dieta nacional, se vuelve inaccesible para amplios sectores urbanos y rurales.

El discurso oficial insiste en que primero debe garantizarse el abastecimiento interno “con carne de buena calidad y a bajos precios”. Pero la realidad en los mercados desmiente esa promesa.

Hoy, la política económica parece beneficiar a los más ricos, a los grandes exportadores y a los intermediarios, mientras estrangula al pueblo, que paga el costo de una liberalización mal regulada y socialmente insensible.

¿Desarrollo para quién?

El récord exportador de carne no puede considerarse un éxito cuando se construye sobre el empobrecimiento alimentario de la población. Sin un equilibrio real entre exportación y consumo interno, Bolivia corre el riesgo de convertirse en un país que produce alimentos para el mundo, pero no para su gente.

La carne de res se ha vuelto un termómetro del modelo económico actual: muchos dólares entrando, pero cada vez menos comida en el plato del pueblo.

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