Por Martin Moreira Miembro de la Red Boliviana de Economía Política La canción de la hinchada argentina trasciende el fútbol para convertirse en un
Por Martin Moreira
Miembro de la Red Boliviana de Economía Política
La canción de la hinchada argentina trasciende el fútbol para convertirse en un manifiesto de resistencia simbólica de los pueblos que padecieron el colonialismo europeo. En ocasiones, una canción de fútbol deja de ser un simple cántico para convertirse en el eco de una memoria histórica que atraviesa generaciones. El himno de la hinchada argentina no solo expresa la pasión por la selección, sino que reactualiza el debate sobre el legado del colonialismo, la disputa por la soberanía y las formas contemporáneas de dependencia. Desde una perspectiva filosófica y política, sus versos pueden interpretarse como la voz de los pueblos que fueron sometidos por las antiguas potencias coloniales y que hoy cuestionan tanto la legitimidad moral de aquel pasado como las nuevas expresiones de dominación económica y cultural. En este contexto, la canción trasciende el estadio para convertirse en una metáfora de resistencia frente al neocolonialismo y en una reivindicación simbólica del derecho de los pueblos a defender su historia, sus recursos estratégicos y su autodeterminación.
Las grandes canciones populares nunca hablan únicamente de deporte. Detrás de sus versos se condensan siglos de historia, memorias colectivas, heridas abiertas y reivindicaciones políticas. La reciente canción de la hinchada argentina, cuyo estribillo proclama «Quiero volver a robarle un gol al ladrón», puede entenderse como una expresión de la memoria histórica de los pueblos que fueron sometidos por el colonialismo europeo. Más que una provocación futbolística, constituye un acto simbólico de rebeldía frente a un orden internacional que durante siglos justificó la conquista bajo el discurso de la civilización, la libertad y el progreso.
Desde una lectura filosófica, la canción expresa aquello que el pensamiento poscolonial denomina la recuperación de la voz de los vencidos. Durante más de cuatro siglos, gran parte de Sudamérica, África y extensas regiones de Asia fueron conquistadas mediante guerras, esclavitud, explotación económica y despojo territorial. Imperios europeos como el británico, el español, el francés, el portugués, el neerlandés y otros construyeron enormes riquezas gracias a la apropiación de recursos naturales y al sometimiento de millones de personas. Sin embargo, la narrativa dominante durante mucho tiempo presentó esas empresas como misiones civilizadoras, ocultando los costos humanos que implicaron.
En ese contexto, la canción invierte el sentido tradicional del relato histórico. La frase «robarle un gol al ladrón» funciona como una metáfora política. No reivindica el robo como principio moral; expresa, desde el lenguaje popular del fútbol, la percepción de que quienes durante siglos despojaron territorios y riquezas son hoy quienes apelan a una autoridad moral universal. El canto cuestiona precisamente esa asimetría entre el poder histórico y el discurso ético.
El recuerdo de Diego Maradona y del denominado «Gol del Siglo», junto con la célebre «Mano de Dios», adquiere aquí una dimensión que trasciende el deporte. Para millones de argentinos, aquel partido frente a Inglaterra en el Mundial de 1986 quedó asociado también al contexto posterior a la Guerra de las Malvinas de 1982 y al debate sobre la soberanía de las islas. Desde esa memoria colectiva, el gol se resignifica como una pequeña revancha simbólica frente a una historia marcada por el conflicto. La canción retoma esa imagen y la convierte en un elemento de identidad nacional.
La referencia a «los piratas» constituye igualmente una construcción simbólica arraigada en el imaginario argentino. Históricamente, la expansión marítima europea estuvo acompañada por corsarios y expediciones militares que facilitaron procesos de conquista y dominación. En la cultura popular argentina, el término se utiliza desde hace décadas como una forma de aludir al Reino Unido en el marco del conflicto por las Islas Malvinas, cuya soberanía continúa siendo objeto de una disputa internacional entre Argentina y el Reino Unido. La fuerza de la expresión no reside tanto en una descripción histórica literal como en la carga emocional que representa para una parte importante de la sociedad argentina.
La canción también menciona a «vikingos», «franchutes» y «los de España». Aunque en apariencia se trata de rivales deportivos, la enumeración puede interpretarse como una evocación de las antiguas potencias europeas que participaron, en distintos momentos de la historia, en procesos de expansión colonial. Desde una perspectiva filosófica inspirada en Frantz Fanon, Aimé Césaire o Edward Said, estos versos expresan la resistencia cultural frente a un orden mundial que durante siglos estableció jerarquías entre civilizadores y civilizados, metrópolis y periferias.
Slavoj Žižek sostiene que la ideología funciona con mayor eficacia cuando logra ocultar sus propias contradicciones. En ese sentido, las democracias occidentales suelen presentarse como guardianas universales de los derechos humanos, mientras el recuerdo de la colonización, las guerras imperiales y el saqueo económico permanece muchas veces relegado o minimizado en la memoria pública. La canción rompe esa normalidad discursiva y recuerda que la historia también puede narrarse desde la experiencia de quienes fueron conquistados.
No es casual que este tipo de manifestaciones encuentre eco en amplios sectores del llamado Sur Global. Desde América Latina hasta África y Asia, numerosos pueblos continúan interpretando su realidad a la luz de un pasado colonial cuyas consecuencias económicas, políticas y culturales aún persisten. La desigualdad internacional, la concentración de la riqueza y muchas relaciones de dependencia contemporáneas son vistas por diversos pensadores como prolongaciones de aquellas estructuras imperiales.
El fútbol se convierte entonces en un escenario donde los pueblos expresan aquello que muchas veces no encuentran espacio en la diplomacia ni en los discursos oficiales. Los cánticos de las tribunas funcionan como relatos alternativos de la historia, donde la memoria popular desafía las versiones construidas por los vencedores. No buscan reemplazar la investigación histórica, sino expresar una identidad colectiva que se resiste al olvido.
En definitiva, la canción argentina revela que el fútbol puede convertirse en un lenguaje político de enorme potencia simbólica. Su éxito no reside únicamente en la pasión deportiva, sino en que conecta con una memoria compartida por muchos pueblos que padecieron la colonización y que todavía cuestionan las desigualdades heredadas de aquel orden imperial. Más allá de la controversia que pueda generar, su verdadero significado filosófico radica en recordar que la historia nunca pertenece exclusivamente a los vencedores. También los pueblos oprimidos cantan, recuerdan y disputan el sentido de su pasado para construir su futuro.
Letra completa de “Quiero volver a robarle un gol al ladrón”
Los pobres gringos no entienden nada, al ver la barra descontrolada.
Y si precisan que alguien les cuente, pregúntenle a Brasil qué se siente.
Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón.
Y que brille la cuarta estrella en el cielo glorioso de mi Nación.
Quiero ganarme 100 años de perdón y con Leo salir campeón.
Y que baile el país entero borracho al compás de la Selección.
Ni los vikingos, ni los piratas, ni los franchutes, ni los de España.
Porque este sueño no se termina, ésta es la fiesta de la Argentina.
Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón.
Y que brille la cuarta estrella en el cielo glorioso de mi Nación.
Quiero ganarme 100 años de perdón y con Leo salir campeón.
Y que baile el país entero borracho al compás de la Selección.
El autor es el payador Pedro Saubidet, quien junto a su hija Paula de 8 años


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