Flexibilización cambiaria en Bolivia: una devaluación sin reservas que eleva la inflación y concentra el mercado del dólar

Flexibilización cambiaria en Bolivia: una devaluación sin reservas que eleva la inflación y concentra el mercado del dólar

Por Martin Moreira Miembro de la Red Boliviana de Economía Política La flexibilización del tipo de cambio en Bolivia no solo evidenció la escasez es

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Por Martin Moreira
Miembro de la Red Boliviana de Economía Política

La flexibilización del tipo de cambio en Bolivia no solo evidenció la escasez estructural de divisas, sino también la ausencia de una planificación económica que respaldara una medida de tal magnitud. En política monetaria, modificar un régimen cambiario requiere reservas internacionales suficientes, una estrategia para garantizar la oferta de dólares y mecanismos que amortigüen el impacto sobre la inflación y el poder adquisitivo de la población. Sin embargo, la transición hacia un mercado cambiario flexible se produjo en un contexto de limitadas reservas, elevados compromisos de deuda externa y una economía con menor capacidad para generar divisas. Como consecuencia, el país enfrenta una rápida depreciación del boliviano, mayores presiones inflacionarias y un mercado cambiario donde la limitada capacidad de intervención del Estado incrementa el poder de los principales actores privados en la formación del precio del dólar.

La flexibilización del tipo de cambio en Bolivia ha marcado uno de los cambios más importantes de la política monetaria de las últimas décadas. El abandono del esquema de tipo de cambio administrado trasladó la determinación del precio del dólar hacia el mercado, en un contexto caracterizado por una limitada disponibilidad de divisas, elevados compromisos externos y una creciente incertidumbre económica.

Desde una perspectiva económica, el principal problema no radica únicamente en la flexibilización cambiaria, sino en que ésta se implementó cuando el Banco Central de Bolivia (BCB) presenta una capacidad reducida para intervenir en el mercado de divisas. En cualquier régimen de flotación administrada, el banco central necesita reservas internacionales suficientes para estabilizar movimientos bruscos del tipo de cambio y contener episodios especulativos. Cuando esas reservas son limitadas, el mercado adquiere un mayor poder para determinar el precio de la moneda extranjera.

Un dólar que sube por escasez

En menos de dos semanas de iniciado el nuevo esquema cambiario, el tipo de cambio del dólar registró un incremento cercano a 73 centavos, reflejando un fuerte desequilibrio entre oferta y demanda de divisas.

La explicación económica es relativamente sencilla: la demanda de dólares continúa creciendo por parte de importadores, empresas y familias, mientras que la oferta permanece restringida debido a la menor disponibilidad de reservas internacionales y al insuficiente ingreso de divisas provenientes de exportaciones.

Como resultado, el precio del dólar comienza a reflejar la escasez existente.

Reservas insuficientes para estabilizar el mercado

De acuerdo con las cifras mencionadas en el análisis, Bolivia dispondría aproximadamente de 700 millones de dólares de reservas de libre disponibilidad.

Sin embargo, una parte importante de esos recursos estaría comprometida para obligaciones inmediatas:

  • aproximadamente 500 millones de dólares corresponderían a obligaciones con proveedores internacionales de combustibles;
  • alrededor de 550 millones de dólares deberían destinarse al servicio de deuda externa durante julio;
  • cerca de 800 millones de dólares adicionales vencerían en agosto;
  • además de aproximadamente 96 millones de dólares correspondientes al pago de bonos soberanos.

Aunque estas cifras requieren verificación oficial, ilustran un escenario donde gran parte de la liquidez disponible estaría comprometida, limitando la capacidad del Banco Central para intervenir activamente en el mercado cambiario.

Cuando un banco central no puede vender dólares para aumentar la oferta, el mercado termina determinando el precio prácticamente sin contrapesos.

La devaluación y su efecto sobre la inflación

Uno de los efectos inmediatos de la flexibilización cambiaria ha sido el incremento del costo de las importaciones.

Durante más de una década Bolivia mantuvo un tipo de cambio oficial cercano a Bs 6,96 por dólar. Con la transición hacia cotizaciones cercanas a Bs 10,50, el encarecimiento del dólar representa una variación superior al 59% respecto al antiguo tipo de cambio oficial (el porcentaje exacto depende del punto de comparación utilizado).

Este incremento se traslada directamente a los costos de:

  • alimentos importados;
  • medicamentos;
  • maquinaria;
  • repuestos;
  • insumos industriales;
  • transporte internacional.

El resultado esperado es una inflación por costos (cost-push inflation), donde las empresas trasladan parte del mayor costo cambiario hacia los precios finales que pagan los consumidores.

Esto implica una pérdida del poder adquisitivo de salarios y pensiones, especialmente para hogares con ingresos fijos.

¿Se está formando un oligopolio bilateral?

Uno de los conceptos económicos planteados en el análisis es el de un oligopolio bilateral.

En teoría económica, un oligopolio bilateral ocurre cuando un número reducido de compradores interactúa con un número reducido de vendedores, otorgando poder de mercado a ambos lados de la negociación.

Aplicado al mercado cambiario boliviano, la hipótesis sostiene que:

  • pocos bancos concentran la mayor parte de las operaciones en dólares;
  • un número reducido de grandes exportadores concentra buena parte de la oferta privada de divisas.

Bajo estas condiciones, la formación del precio del dólar podría verse influida por decisiones de un grupo relativamente pequeño de actores económicos, particularmente si la autoridad monetaria tiene una capacidad limitada de intervención.

El análisis menciona que cuatro entidades financieras concentran una parte importante del mercado cambiario y que solo alrededor del 30% de aproximadamente 4.000 millones de dólares en exportaciones habría ingresado formalmente al sistema financiero, permaneciendo el 70% restante fuera del circuito bancario. Estas cifras, de confirmarse, evidenciarían un bajo nivel de repatriación de divisas.

El préstamo externo como fuente de liquidez

Otro elemento relevante es la contratación de aproximadamente 1.000 millones de dólares mediante bonos soberanos.

Según el análisis, este financiamiento habría sido obtenido a una tasa cercana al 10% anual, superior a la que, según algunas estimaciones de mercado, podría haber correspondido bajo mejores condiciones de riesgo.

Una parte de esos recursos estaría destinada a respaldar la devolución de depósitos en dólares dentro del sistema financiero.

Sin embargo, utilizar endeudamiento externo para fortalecer temporalmente la liquidez bancaria no resuelve el problema estructural de generación de divisas. En ausencia de mayores exportaciones, inversión extranjera o incremento de la producción nacional, la presión cambiaria puede reaparecer una vez agotados esos recursos.

Pérdida de confianza y mayor dolarización

Desde la economía monetaria, la confianza constituye uno de los activos más importantes de cualquier sistema financiero.

Cuando la población percibe que:

  • el dólar continúa aumentando;
  • las reservas internacionales son limitadas;
  • existe incertidumbre sobre la disponibilidad futura de divisas;

la demanda precautoria por dólares tiende a incrementarse.

Este comportamiento acelera la dolarización informal de la economía, reduce la demanda de moneda nacional y dificulta la eficacia de la política monetaria.

En consecuencia, se debilita uno de los principales logros alcanzados durante los años de estabilidad cambiaria: la elevada bolivianización del sistema financiero.

El problema estructural continúa siendo la generación de divisas

Más allá del comportamiento diario del tipo de cambio, el problema central continúa siendo la insuficiente generación de dólares por parte de la economía boliviana.

La caída de la producción de gas natural, la reducción de las exportaciones tradicionales y el menor ingreso de inversión extranjera han disminuido significativamente la oferta estructural de divisas.

En ese contexto, cualquier flexibilización cambiaria enfrenta un desafío considerable si no está acompañada por políticas que fortalezcan la producción, incentiven las exportaciones y aumenten el ingreso sostenible de moneda extranjera.

Diagnóstico económico

Desde una perspectiva macroeconómica, la flexibilización cambiaria constituye una herramienta técnicamente válida cuando existe un banco central con suficientes reservas internacionales para moderar episodios de volatilidad.

Sin embargo, implementarla en un escenario de escasez de divisas incrementa el riesgo de depreciaciones aceleradas, mayor inflación, pérdida del poder adquisitivo y deterioro de las expectativas de los agentes económicos.

Asimismo, la limitada capacidad de intervención del Banco Central puede aumentar el protagonismo de actores privados en la formación del precio del dólar, generando un mercado con mayor concentración y vulnerabilidad frente a episodios especulativos.

La sostenibilidad del nuevo régimen cambiario dependerá menos de la administración diaria del tipo de cambio y mucho más de la capacidad del país para recuperar su producción exportadora, atraer inversión, fortalecer las reservas internacionales y restablecer la confianza en la política económica. Sin estos elementos, la presión sobre el dólar y sobre los precios internos podría mantenerse durante los próximos meses, profundizando los desequilibrios macroeconómicos.

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