Más exportaciones, menos dólares: la contradicción económica del modelo de Rodrigo Paz

Más exportaciones, menos dólares: la contradicción económica del modelo de Rodrigo Paz

Por Gonzalo Zambrana y Martin Moreira Miembros de la Red Boliviana de Economía Política Algo no termina de cuadrar en la economía boliviana: las e

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Por Gonzalo Zambrana y Martin Moreira
Miembros de la Red Boliviana de Economía Política

Algo no termina de cuadrar en la economía boliviana: las exportaciones crecen, pero los dólares siguen faltando; las ventas externas se recuperan, pero comprar alimentos cuesta cada vez más. Bolivia exportó 3.574 millones de dólares en el primer trimestre de 2026 y busca volver a los niveles récord de 2022, cuando alcanzó 13.653 millones. Sin embargo, la escasez de divisas persiste, la carne acumuló incrementos superiores al 100% respecto a años previos y el endeudamiento externo continúa expandiéndose. La pregunta incómoda ya no es cuánto exporta el país, sino por qué el supuesto éxito exportador convive con más deuda, más presión sobre los hogares y más incertidumbre económica. Porque cuando las cifras macroeconómicas mejoran, pero la crisis sigue presente en la vida diaria, alguien está capturando los beneficios y alguien más está pagando la factura.

La discusión sobre el desempeño exportador de Bolivia en 2026 abre una contradicción económica de fondo: mientras las cifras externas muestran señales de recuperación, el mercado interno enfrenta presiones crecientes sobre precios, abastecimiento e incertidumbre. El debate central no gira únicamente alrededor de cuánto exporta el país, sino sobre qué costos internos implica ese crecimiento exportador y quiénes capturan los beneficios.

La liberalización prácticamente total de las exportaciones implementada en los últimos años modificó las prioridades económicas. Bajo esta lógica, la colocación de productos en mercados externos pasó a tener mayor peso relativo frente al abastecimiento interno. Para muchos sectores críticos, esto generó una percepción creciente de que alimentos e insumos estratégicos dejaron de priorizar el consumo nacional.

Uno de los ejemplos más visibles es la carne de res. Los precios internos acumularon incrementos superiores al 100% respecto a años previos, situación agravada durante mayo por los bloqueos y problemas logísticos que terminaron profundizando las presiones inflacionarias. Este fenómeno refleja una tensión estructural: mayores incentivos exportadores pueden generar ingresos externos, pero simultáneamente trasladar costos al consumidor doméstico.

Para comprender el momento actual resulta útil comparar las exportaciones de 2026 con dos años de referencia: 2022 y 2023. El año 2022 representó el máximo histórico exportador antes de que la conflictividad política, los bloqueos prolongados y las disputas institucionales comenzaran a generar efectos más visibles sobre la economía.

Durante 2022, Bolivia alcanzó exportaciones récord por 13.653 millones de dólares, convirtiéndose en el mejor desempeño histórico del comercio exterior boliviano. En contraste, 2023 cerró con aproximadamente 10.910 millones de dólares exportados, reflejando una caída cercana al 21% interanual. Ese año estuvo marcado por conflictos políticos, restricciones logísticas y más de 50 días de bloqueos que afectaron directamente la actividad productiva.

A pesar de ello, ambos años tuvieron una característica común: el abastecimiento interno continuaba siendo parte central de la política económica, mientras se mantenían elevados niveles exportadores.

Las exportaciones muestran recuperación, pero todavía permanecen aproximadamente 30% por debajo del récord histórico alcanzado en 2022. Más importante aún: el crecimiento reciente parece depender más de precios internacionales favorables que de una expansión sostenida de la capacidad productiva.

El desafío económico boliviano no consiste únicamente en exportar más, sino en encontrar un equilibrio entre crecimiento externo, abastecimiento interno y distribución de beneficios. Cuando las exportaciones aumentan mientras el mercado interno enfrenta mayores precios, menor poder adquisitivo y escasez, la discusión deja de ser solamente económica y pasa a convertirse en un debate sobre prioridades de desarrollo.

Pero Rodrigo Paz llegó bajo una promesa concreta: más exportaciones significarían más dólares para Bolivia. Incluso prometió implementar un régimen especial para que exportadores y ciudadanos puedan repatriar capitales sin multas ni gravámenes, con el objetivo de fortalecer las Reservas Internacionales del Banco Central de Bolivia (BCB).

Sin embargo, los resultados muestran contradicciones. Pese a que Bolivia exportó 3.574 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, la escasez de divisas persiste y el país continúa enfrentando dificultades para importar carburantes y cubrir necesidades estratégicas. Paralelamente, el endeudamiento externo comprometido supera los 4.300 millones de dólares, con aproximadamente 1.700 millones ya ejecutados y otros 4.200 millones pendientes de desembolso, además de la discusión sobre nuevos créditos cercanos a 5.000 millones de dólares.

La pregunta económica termina siendo inevitable: si la promesa era que mayores exportaciones traerían más dólares al país, ¿por qué continúan faltando divisas mientras aumentan simultáneamente las necesidades de financiamiento externo y endeudamiento?

El patrón exportador también cambió. La minería aurífera, la soya y las manufacturas ganaron protagonismo, mientras el gas natural perdió peso relativo dentro de la estructura exportadora nacional.

Paralelamente, el Gobierno implementó mecanismos extraordinarios para atraer divisas, incluyendo regímenes especiales destinados a facilitar el retorno de capitales externos sin multas ni gravámenes, buscando reforzar las reservas internacionales y aliviar la restricción de dólares.

Los sectores que más ganaron durante la crisis

Las crisis económicas rara vez distribuyen costos y beneficios de forma homogénea. Mientras amplios sectores de la población experimentaron deterioro del poder adquisitivo, inflación y escasez de divisas, existen sectores económicos que mostraron una capacidad notable para sostener o incrementar rentabilidades.

La banca: utilidades crecientes en medio de la crisis

El sistema financiero constituye uno de los casos más visibles.

En 2005, las utilidades de la banca comercial alcanzaban 349 millones de bolivianos. Para 2025, estas llegaron a 3.827 millones de bolivianos, representando un crecimiento superior a once veces respecto al nivel inicial.

Incluso en contextos adversos, las ganancias continuaron expandiéndose. Durante 2024, en medio de la crisis cambiaria y las restricciones de dólares, las utilidades alcanzaron aproximadamente 2.670 millones de bolivianos.

El comportamiento de 2025 resulta aún más llamativo: pese al deterioro económico generalizado y la persistente escasez de divisas, las utilidades bancarias volvieron a marcar máximos históricos, registrando incrementos cercanos al 50%.

Esto abre un debate legítimo sobre el rol del sistema financiero durante períodos de crisis: ¿deben sectores altamente rentables contribuir más activamente a estabilizar la economía nacional?

Minería aurífera: el auge del oro

El incremento internacional del precio del oro convirtió al sector aurífero en uno de los principales ganadores del nuevo escenario económico.

La expansión exportadora aurífera permitió mayores ingresos externos y fortaleció el superávit comercial, pero simultáneamente reabrió cuestionamientos sobre tributación efectiva, control de exportaciones, formalización y retorno de divisas.

Agroindustria: mayores beneficios exportadores

La agroindustria, especialmente vinculada a exportaciones de oleaginosas y derivados, también emergió como uno de los sectores más beneficiados.

Las mayores flexibilizaciones exportadoras, sumadas a subvenciones energéticas, facilidades logísticas y acceso preferencial a insumos, fortalecieron la rentabilidad exportadora incluso en un contexto económico complejo.

El primer trimestre de 2026 refleja precisamente este fenómeno: buena parte del superávit comercial de 475 millones de dólares fue impulsado por minería y agroexportaciones.

¿Quién debe contribuir más en tiempos de crisis?

El debate económico de fondo ya no gira únicamente alrededor del crecimiento exportador. La discusión central es cómo distribuir los costos de la estabilización.

Si determinados sectores concentraron ganancias extraordinarias durante años de crisis, surge la interrogante sobre mecanismos extraordinarios de contribución.

Entre las alternativas discutidas aparecen:

  • Incrementos impositivos focalizados o contribuciones extraordinarias.
  • Mayores controles sobre repatriación y administración de divisas.
  • Fortalecimiento del control sobre exportaciones auríferas.
  • Mecanismos de estabilización para garantizar abastecimiento interno.
  • Incentivos condicionados a reinversión productiva local.
  • Instrumentos temporales de protección de alimentos estratégicos.

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