Alasita sin Plurinacionalidad: la incoherencia liberal al desnudo

Alasita sin Plurinacionalidad: la incoherencia liberal al desnudo

Por: Martin Moreira Forma parte de la Red de Economía política Boliviana Cada enero, Bolivia asiste a un espectáculo tan repetido como revelador:

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Por: Martin Moreira

Forma parte de la Red de Economía política Boliviana

Cada enero, Bolivia asiste a un espectáculo tan repetido como revelador: sectores liberales que celebran con entusiasmo la Feria de la Alasita, exaltando la cultura, la tradición y la supuesta pluralidad, mientras al mismo tiempo niegan o minimizan el 22 de enero, Día del Estado Plurinacional. Esta contradicción no es un descuido ni una diferencia de opinión inocente, sino la expresión más clara de una incoherencia política que pretende apropiarse de los símbolos culturales indígenas sin reconocer el proceso histórico, político y social que les da sentido. Defender la Alasita y rechazar el Estado Plurinacional no es amor por la cultura, es oportunismo disfrazado de tolerancia.

Cada enero, ciertos sectores liberales en Bolivia se apresuran a tomarse fotografías entre miniaturas, sahumerios y ekekos. Hablan de cultura, de tradición, de pluralidad. Defienden la Feria de la Alasita como símbolo de identidad paceña y patrimonio de la humanidad. Sin embargo, apenas dos días antes, muchos de esos mismos actores políticos niegan o minimizan el 22 de enero, Día del Estado Plurinacional, como si la historia, la lucha y la diversidad que dieron origen a esa fecha fueran un estorbo ideológico. Esa contradicción no es casual: es profundamente hipócrita.

La Alasita no es una feria neutra ni decorativa. Es una expresión viva de la cosmovisión andina, de la fe popular, de la economía simbólica indígena y mestiza que ha sobrevivido a siglos de exclusión. Celebrar la Alasita mientras se niega el Estado Plurinacional es como querer quedarse con el folklore sin aceptar a los pueblos que lo crearon. Es consumir cultura sin reconocer derechos. Es admirar la forma mientras se rechaza el fondo.

El liberalismo boliviano, en su versión más cómoda, ha aprendido a lavarse las manos con la cultura. Habla de pluralidad solo cuando no incomoda, cuando no cuestiona el modelo de Estado republicano heredado de las élites, cuando no obliga a reconocer que Bolivia no es —ni fue nunca— una nación homogénea. Por eso resulta revelador que figuras como Rodrigo Paz nieguen abiertamente el reconocimiento del 22 de enero, mientras al mismo tiempo se llenan la boca hablando de diversidad cultural y tradiciones.

No se puede defender la Alasita y negar el Estado Plurinacional sin caer en una profunda incoherencia. La pluralidad no es solo bailar, feriar o bendecir miniaturas; la pluralidad es también reconocer políticamente a las naciones y pueblos indígenas, aceptar que Bolivia se refundó para dejar atrás un Estado excluyente. Negar esa fecha es negar el proceso histórico que permitió que expresiones como la Alasita sean hoy reconocidas, protegidas y valoradas más allá del folklore turístico.

La cultura no puede ser usada como maquillaje político. O se cree en la pluralidad en serio —con sus implicaciones históricas, sociales y políticas— o se la reduce a un evento de calendario conveniente. Defender la Alasita mientras se rechaza el Estado Plurinacional no es neutralidad: es oportunismo. Y Bolivia ya ha tenido demasiado de eso.

Porque no hay Ekeko sin historia, no hay Alasita sin pueblos, y no hay pluralidad verdadera sin memoria ni reconocimiento.

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